40º Aniversario EAU – Mapping projection en la Gran Mezquita

Sheikh Zayed Grand Mosque Projections from Obscura Digital on Vimeo.

A través del blog La Aldea Irreductible he encontrado el vídeo del “mapping projection” que se hizo sobre la Gran Mezquita de Abu Dhabi con motivo del 40º aniversario del país.

Pues sí, recientemente los Emiratos Árabes Unidos han cumplido 40 años, en medio de una tremenda algarabía y alegría colectiva de todos los ciudadanos locales en la que, posiblemente, haya tenido algo que ver la radical subida de sueldo generalizada (de hasta el 100% en algunos casos) que el gobierno a dado a todos los locales a los que emplea. Así, ¿quién puede no sentir los colores?

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Salvados en Qatar

Bastante tiempo después de que se emitiera en TV he visto el programa que hizo Jordi Évole (El Follonero) desplazándose a Qatar en un programa que pretendía mostrar cómo es realmente este país para poder juzgar con criterio si es moralmente aceptable que el Barça esté patrocinado por la Qatar Foundation.

Las similitudes entre Qatar y Emiratos Árabes son muchísimas, muchas más que las diferencias. Desde el punto de vista de un expatriado de Dubái, Qatar es un país del mismo estilo pero más conservador, amargante y aburrido.

En general el programa iba bien. Evidentemente no ha podido faltar la típica visita a las viviendas de trabajadores de la construcción a modo de denuncia social, muy extendidas entre cualquier programa occidental que mete sus cámaras en algún país árabe del golfo (del Golfo Pérsico, aunque los árabes reniegan de este nombre y lo llaman el Golfo Árabe, pero ésa es otra historia). Fiel a su estilo, Jordi Évole pregunta incisivamente por los bajos sueldos de estos trabajadores (indios, pakistaníes, bengalíes o filipinos en su mayoría), a lo que un español expatriado responde: “hombres, es que los sueldos que cobran son tres o cuatro veces lo que cobrarían en su país”. Évole contesta que eso es como decir “y tú más”, y con ello neutraliza el argumento. Bien.

Esto me recuerda a la vieja polémica de los “sweatshops”, que José A. Pérez resumió muy bien en su blog de mimesacojea:

En 1998 se puso en marcha una campaña contra las grandes marcas deportivas que usaban mano de obra infantil en países del Tercer Mundo. Fue un gran éxito, y varias empresas cerraron sus fábricas por aquello del qué dirán. Como resultado, miles de niños acabaron vendiendo felaciones en vías de desarrollo por lo que cuesta coser un balón de Nike. Moraleja: es fácil arreglar el mundo desde el sofá.

La comparativa con el resultado actual sería que el Barça cancelara su contrato por el qué dirán y Qatar dedicara esos 150 millones a comprarle un crucero nuevo a su emir (no esperaríais que lo repartieran entre los pobres). Resultado: todos pierden. Ineficiencia extrema.

Como muchos economistas están cansados de repetir, las mejoras en la vida de las personas se producen mediantes mejoras puntuales que mejoren la eficiencia. Es imposible crear de golpe un mundo ideal, pero los sweatshops (forma de llamar despectivamente a fábricas del tercer mundo en las que se trabaja a destajo por salarios bajos) son efectivamente un primer paso de muchos países hacia un desarrollo real. En Corea del Sur empezaron así en los 60 y ahora tienen la conexión a internet más rápida del mundo, los productos coreanos son sinónimo de calidad (casi como los japoneses) y la inmensa mayoría de su población es una clase media acomodada. En China empezaron así en los 70 y 80 y ahora un millón de chinos salen de la pobreza cada año. Podríamos seguir con la India, con Brasil, con México, haciendo una lista de países cuyos trabajadores, en su momento, aceptaron encantados trabajar para una empresa extranjera que ofrecía salarios bastante más altos que los venían cobrando (pero que a su vez son más bajos que los del país de origen de la empresa). Resultado: la empresa gana (más dinero), el trabajador pobre gana (más dinero). Los consumidores ganan (balones más baratos). Los que hacían antes los balones, pierden (nada es perfecto).

No todo es blanco ni negro. Existen empresas que se aprovechan salvajemente de esta situación y otras que lo hacen de forma más colaborativa con la cultura local, pero casi todas ponen un grano de arena, a menudo involuntario, a que la gente local aprenda técnicas y prácticas empresariales e industriales más avanzadas que les permiten posteriormente abrir negocios propios, enviar a sus hijos a estudiar, y a la postre convertir a sus nietos en niños mimados que jugarán a la play hasta los 40 años.

Ésa es la realidad. Qatar tiene muchísimo dinero y, desde luego, gasta una buena parte de forma moralmente cuestionable. Sin embargo he aquí que un buen día alguien decide empezar a gastar una parte de este dinero en algo más útil (en este caso, pongamos, la Qatar Foundation). Es sólo un gesto, ajeno a la realidad del lujo y la prepotencia del qatarí promedio, pero un pasito que representa una mejora desde la situación anterior. Es decir, unos cuantos Audis y Ferraris menos a cambio de un campus universitario, becas de educación, patrocinio de varios proyectos a nivel internacional, etc. Alguna gente dentro de dicha fundación es probablemente consciente de las contradicciones que implican el estilo de vida de vida qatarí con los objetivos de ésta, pero ello por supuesto no debe hacerles desistir, sino todo lo contrario. Sin embargo desde occidente sólo recibirán críticas y burlas como la de Jordi Évole. Es tan absurdo como si alguien tratara de ridiculizar la ayuda al desarrollo que realiza el Gobierno de España haciendo un reportaje sobre “la cara oculta de España”, los políticos corruptos, las mafias establecidas en España y las familias desahuciadas por los bancos. Lo siento, pero hay que juzgar los hechos, no matar al mensajero.

Aunque estoy orgulloso de trabajar en una empresa que paga a los trabajadores salarios dignos (por encima de los estándares locales), sé que incluso los peor pagados de Dubái están aquí voluntariamente y que pueden irse cuando quieran (a pesar de que la empresa suele ser custodia del pasaporte, están obligados a devolverlo a los 30 días como máximo de la solicitud). Conozco pakistaníes que aún cobrando 800 míseros dirhams al mes (160 euros) mueven cielo y tierra para conseguir traerse su hermano, su primo o su cuñado que sigue en Pakistán, muerto del asco y cobrando muchísimo menos de esa cantidad. En el caso de Dubái, la ecuación es ésta: el gobierno y la población local ganan. El occidental expatriado gana. El asiático inmigrante gana. El medio ambiente pierde. Pero ésa es también otra historia.

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Conseguir alcohol en Dubái

Bueno, bueno, bueno… tarde o temprano tendría que llegar este momento. ¿Cómo se consigue alcohol en Dubái?

La regulación con el alcohol en Dubái es mucho más tolerante que en la mayoría de los países árabes, pero aún así resulta muy restrictiva para los gustos de un occidental. Los únicos establecimientos que pueden servir alcohol al público son los hoteles, como he comentado alguna vez. Pero, ¿cómo conseguir alcohol para llevarte a tu casa?

El Aeropuerto: cuando aterrizas en Dubái, justo después de pasar el control de inmigración, pero antes de pasar aduanas (punto de no retorno), hay una tienda duty free que principalmente vende… cantidades inmensas de preciado alcohol. Cada persona que llega al país (al menos, cada occidental; no sé si los locales o las nacionalidades menos favorecidas podrán hacerlo) tiene derecho a sacar de ahí cuatro “unidades” de alcohol. Una unidad puede ser una botella de alcohol de alta graduación (whisky, ron, ginebra…) o una caja de cervezacas (24 latas es lo estándar).

Licencia de alcohol: existe un carnet que puedes sacarte y que te autoriza a comprar alcohol en los poquísimos establecimientos que hay para ello por la ciudad. Sólo hay dos cadenas de venta: “MMI” y “African & Eastern”. La documentación que te piden para poder sacarte dicho carnet es demencial: ¡más bien pareciera que estuvieras sacando el permiso de armas! (EE.UU. no cuenta para este ejemplo). Las tiendas MMI y A&E son pocas y suelen estar en lugares apartados y calles secundarias. Además, no tienen escaparates y sus puertas son opacas. Nada hace indicar desde el exterior lo que realmente se vende allí. Tras la ardua tarea de encontrarlo (llamadas de teléfono, rumores, búsquedas en internet…), y una vez dentro… La sensación es parecida a la de Indiana Jones cuando llega al interior de algún templo maravilloso, enciende todas las antorchas y aparecen ante sus ojos los tesoros de la antigüedad. En esta metáfora considerad incluidos los precios (una caja de 24 latas de Heineken, 199 dirhams = 40 euros).

La opción ilegal: todos los Emiratos Árabes tienen prohibida la venta de alcohol… ¿Todos? ¡No! Porque el pequeño y desconocido emirato de Umm Al Quwain permite la venta libre de alcohol sin requerir ningún tipo de licencia, y relativamente barato. Este emirato está a una hora y algo en coche de Dubái, así que son legión los occidentales que cada fin de semana se acercan hasta allí para rellenar su nevera. El mítico hotel Barracuda es el punto de venta más conocido, ya que posee una gran tienda de alcohol e incluso una ventanilla que vende por las noches, si llegas a deshoras… ¿Por qué es “la opción ilegal”? Bueno, la ley te autoriza a comprar el alcohol en Umm Al Quwain; pero desde que cruzas la frontera y sales de dicho emirato, la posesión de ese alcohol es ilegal sin el dichoso carnet. Lo peor de todo es que para volver tienes que conducir a través del emirato de Sharjah: el más restrictivo de todos. Se cuenta que hay gente que te sigue en coche desde Barracuda para chocar levemente contra ti en Sharjah y hacerte chantaje: “si no quieres que llamemos a la policía para hacer el atestado del accidente (y descubrir el alcohol de tu maletero) danos lo que lleves en efectivo”. Supongo que se podrá regatear (¡estamos, al fin y al cabo, en Arabia!).

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Emiratos Árabes : la calma en medio de la tempestad

En estas últimos semanas es cuando se está evidenciando el verdadero producto que Dubái ha sabido vender al mundo durante los últimos veinte años, y que la han convertido en lo que es: un sitio tranquilo donde invertir tu dinero, en medio de una región que durante décadas ha sido un polvorín violento e inestable.

Enormes cantidades de capital saudí, iraní, ruso (y satélites) además del consabido británico y americano han aterrizado aquí durante años, con un pensamiento común: ¡por fin un sitio seguro desde el que hacer negocios en Oriente Medio! Y así se construyó Dubái. El Emirato que todo el mundo relaciona con el petróleo pero que apenas tienen un poquito. Primero el puerto, luego el aeropuerto, luego los servicios financieros, luego la locura inmobiliaria. Su “mérito” consiste en haber atraído los petrodólares de otra gente en miles de kilómetros a la redonda.

Lo que empezó en Túnez y se extendió a Egipto y a tantos otros países, y pasa triste factura en Libia (con final abierto por ahora), también ha hecho mella la región. En Bahréin, la policía patrulla las calles disparando a sus ciudadanos desde sus imponentes todoterreno. En Yemen, el ejército acaba de dividirse y ya hay tanques en las calles de la capital. En Omán, la cosa es más suave – estuve allí de paso justo el día anterior a que se liara parda por primera vez y murieran algunos de sus ciudadanos en algunas tímidas protestas (por supuesto yo no corrí ningún peligro, no me alejé de la frontera, donde la calma era total).

Y mientras tanto, en Dubái... la gente se divierte celebrando el día de San Patricio, comentando los partidos de la Champions o acudiendo al concierto de Usher (me enteré de que existía ese tío la noche que dio un concierto ante mi balcón, hace un par de semanas). Las portadas de los periódicos siguen comentando con equidistancia lo que ocurre por ahí fuera mientras las páginas interiores resaltan lo a gustito que se está en este maravilloso oasis de calma chicha.

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El iraquí impasible

Verás, chaval. El problema de Iraq no son los americanos. Los americanos, bien, no problem. El problema de Iraq son los iraníes. Sí, los iraníes, Están por todas partes. Militares iraníes vestidos de paisano, enviados por el gobierno de su país. La guerra entre Iraq e Irán de los ochenta… no se olvida.

Gafas de sol, camisa, panzón, sonrisa socarrona, Marlboro. Un personaje.

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Nueva quedada de Barasti

El último martes de noviembre hubo, como cada mes, quedada de españoles en Barasti, el garito tan fashion del que ya he hablado en alguna otra ocasión. En este encuentro se acota una zona de la terraza sólo para españoles y nos hacen un descuento del alrededor del 25% que no está nada mal… Para que os hagáis una idea, en un sitio como este una pinta de cerveza fresquita puede salir sobre unos 35 dirhams (7 euros). No es nada barato, pero para ser sincero, cualquier sitio así en España cobraría lo mismo o más.

Este mes el evento tenía un patrocinador: una empresa llamada Padel Arabia. Ésta ha sido montada por dos socios españoles, y pretenden ser los pioneros en la introducción del pádel -un deporte practicado en España y poco más, pero que parece estar en expansión- en Dubái. Han construido una pista de pádel que alquilan para jugar (bastante más cara del precio habitual en España, pero en fin, es probablemente la única pista de pádel en miles de kilómetros a la redonda…), y además venden palas, pelotas, y si quieres montar tu propia pista ellos te la hacen. A ver si tienen éxito. Uno de los dos socios juraría que es uno que salió en el “Calleros Viajeros – Dubái” de hace año y medio, con patillas, que llevó a los reporteros a comer a una casa de árabes locales.

Por lo demás bien, cervecitas y conociendo a mucha gente, incluyendo a una chica de Granada. Conocí a un par que serán muy buenos contactos para mi trabajo, y también charlé un rato (a éste ya lo conocía) con el representante de Fran Yeste, el futbolista del Athletic que se vino al Al Wasl.

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The Apartment

Con la colcha menos fea que encontré en una tienda el día que me mudé...

Moqueta: la apuesta de este año

Llevo unos diez días viviendo en mi nuevo piso. Es un piso muy pequeñito, con una sala de estar barra cocina (nunca mejor dicho) y un dormitorio. Eso sí, como casi todos los pisos, tiene baño de invitados. El dueño es un americano que vivía en Dubái en el negocio inmobiliario, y se ve que puso pies en polvorosa hace un año o así… y como no hay cojones de vender el piso, lo ha puesto en alquiler (a distancia, él está en su país).

Los precios, según me dicen, han bajado enormemente en el último año. Hace sólo 8 meses era imposible encontrar un piso en esta zona (Dubai Marina) por menos de 80,000 dirhams (13,333 euros) al año, y eso los más cutres. Hasta que llegó la crisis, estaríamos de 100,000 y 200,000 dirhams al año como rentas habituales por esta zona. Una locura. Ahora el despropósito se ha trasladado a Abu Dabi. Como he comentado en otro post, la economía de Abu Dabi es boyante y es la que está tirando del carro en los Emiratos. Muchas empresas de Dubái se están librando de la quiebra porque les están saliendo proyectos en Abu Dabi. La enorme demanda de vivienda en la capital ha subido los precios hasta doblar los alquileres dubaitíes, así que mucha gente con trabajo en Abu Dabi vive en Dubái, recorriendo cada día los ciento y pico kilómetros que le separan de la oficina.

Sobre los alquileres… Hablo de cantidades anuales porque así es como se funciona en Dubái. Los alquileres se pagan anualmente, ¡y por anticipiado! Sólo la llegada de la crisis ha ido obligando poco a poco al mercado ponerse de lado del inquilino, ya que la población de la ciudad ha bajado y abundan los pisos vacíos. Así que ahora hay quien acepta que se pague el año en dos pagas (semestralmente), o en cuatro pagas (trimestralmente). Sin embargo, ha de pagarse obligatoriamente firmando los cheques por anticipado de todos los pagos de ese año. Y firmar un cheque en este país, es algo mucho más serio que hacerlo en cualquier otro. Aquí, firmar un cheque sin fondos es un crimen. Un delito penal. Es decir, que si yo pago mi piso dando dos cheques, uno a cobrar ahora y otro a cobrar dentro de seis meses… y dentro de seis meses no tengo en mi cuenta la cantidad necesaria para ese segundo cheque… Amigo mío, la policía pasará por tu casa y las explicaciones se las darás a un juez. Por eso hay gente que huye de este país cuando se queda sin trabajo. Huyen a escondidas, en plan qué guay me voy dos semanas a mi país a visitar a mi familia, y no vuelven… no porque hayan matado a nadie, sino porque no son capaces de pagar sus préstamos (o cheques). Y de ahí los BMW cogiendo polvo en el aparcamiento del aeropuerto.

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